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Ayudas de Rehabilitación edificatoria 2016

Ayudas de Rehabilitación edificatoria 2016

El pasado 19 de Mayo de 2016 fue publicada en el BOCM num. 118, la Orden de 18 de Mayo de 2016, de la Consejería de Transportes, Vivienda e Infraestructuras, por la que se establecen las bases reguladoras para la concesión de las Ayudas de Rehabilitación edificatoria 2016 previstas en el Real Decreto 233/2013, de 5 de Abril, por el que se regula el Plan Estatal de Fomento del Alquiler de Vivienda, la Rehabilitación Edificatoria y la Regeneración y Renovación Urbanas, 2013-2016.

En la referida Orden, se establecen los requisitos necesarios para acceder a las subvenciones correspondientes, así como las actuaciones que resultan subvencionables.

ACCIONES SUBVENCIONABLES (Art. 4): Estas subvenciones tienen por objeto financiar la ejecución de obras de mantenimiento e intervención en las instalaciones fijas y equipamiento propio y elementos y espacios privativos comunes, de los edificios de tipología residencial colectiva que cumplan los siguientes requisitos:

– Estar finalizados antes de 1981

– Al menos el 70% de su superficie sobre rasante tenga uso residencial de vivienda

No se exigirán los requisitos anteriores en caso de que el edificio presente graves daños estructurales, o para edificios destinados íntegramente al alquiler durante al menos 10 años a contar desde la recepción de la ayuda.

Se subvencionarán actuaciones destinadas a:

– La conservación del edificio

– La mejora de la calidad o la sostenibilidad

– La realización de ajustes en materia de accesibilidad

Requisitos de las obras subvencionables:

– Obras finalizadas con posterioridad al 4 de Diciembre de 2014

– Obras finalizadas con anterioridad al 31 de Marzo de 2017

BENEFICIARIOS (Art. 6): Podrán ser beneficiarios de estas ayudas las comunidades de propietarios, las agrupaciones de comunidades de propietarios o los propietarios únicos de edificios de viviendas.

CUANTÍA DE LA SUBVENCIÓN (Art. 7): La cuantía máxima de las subvenciones a conceder por edificios no podrá superar el 35% del coste subvencionable de la actuación, pudiendo excepcionalmente llegarse al 50% en caso de actuaciones de mejora de accesibilidad y únicamente para dicha partida. Y siempre con el límite máximo de 11.000 euros por vivienda atendiendo a las condiciones particulares de reparto que quedan establecidas en dicho artículo.

PROCEDIMIENTO DE CONCESIÓN (Arts. 3 y 10): Será en régimen de concurrencia competitiva, estableciéndose como criterios para establecer la prelación de las solicitudes válidamente presentadas en el plazo establecido y que cumplan determinados requisitos que se puntuarán. Atendiendo al procedimiento establecido, se otorgarán la ayudas que correspondan hasta la finalización de los fondos existentes destinados a las mismas.

PLAZO DE SOLICITUD (Art. 8): El plazo máximo para solicitar estas subvenciones será de 2 meses desde el día siguiente al de publicación de la Orden, es decir, hasta el 20 de Julio de 2016.

PRESENTACIÓN DE SOLICITUDES (Art. 8): Se presentarán en el registro General de la Consejería de Transporte, Vivienda e Infraestructuras, o en cualquiera de los lugares establecidos en el arqtículo 38 de la Ley 30/1992, de 26 de Noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, y se dirigirá a la Dirección General de Vivienda y Rehabilitación.

PLAN ESTATAL DE FOMENTO DEL ALQUILER DE VIVIENDAS, LA REHABILITACIÓN EDIFICATORIA, Y LA REGENERACIÓN Y RENOVACIÓN URBANAS, 2013-2016

En Aquitectos3hache te informamos y gestionamos la documentación que necesitas para recibir las Ayudas de Rehabilitación edificatoria 2016 de tu edificio. Si estas interesado puedes ponerte en contacto con nosotros por teléfono 916758490 o por e-mail a jaime@arquitectos3hache.com. Te daremos un presupuesto en función del tamaño de tu comunidad.

CONTACTO

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 Los mejores GIFs animados de arquitectura y algunas frases de Arquitectos.

“Los detalles no son los detalles. Los detalles son el diseño”

Charles Eames

“La calidad se recuerda mucho tiempo después de haber olvidado el precio”

Henry Royce

 

“Siempre que se puede es mejor desnudar un edificio. Pero no siempre es posible.”

Toyo Ito

 

“La construcción es la lengua materna del arquitecto. Un arquitecto es un poeta que piensa y habla en el idioma de la construcción”

Auguste Perret

 

“El hombre siempre ha usado los materiales que la naturaleza le ponía directamente en sus manos para construirse un entorno habitable…»

Alejandro de la Sota

“La Arquitectura no está basada en el hormigón y el acero y los elementos de la tierra. Está basada en el asombro”

Daniel Libeskind

“Si la inspiración es el momento previo a la creación, el detalle constructivo es lo que la hace posible…”

Mies van der Rohe

 

“Creo en la arquitectura emocional, es muy importante para la humanidad que la arquitectura emocione por su belleza.”

Luis Barragán 

 

“La arquitectura no es mucho más que un árbol…»

Toyo Ito

” Me gustaría que volviéramos a dar importancia a las cosas porque de lo contrario perderemos nuestra sensiblidad animal. Ahora es un buen momento para pararse y pensar un poco sobre las relaciones humanas.

Toyo Ito

“Nunca he creído que la solución más sencilla fuese la mejor.

Toyo Ito 

 

“La Arquitectura no son cuatro paredes y un tejado sino el espacio y el espíritu que se genera dentro”

Lao Tsé

“No hay razón para no probar algo nuevo solo porque nadie lo haya intentado antes”

Antoni Gaudi 

 

“Los arquitectos no inventan nada, solo transforman la realidad”

Alvaro Siza 

El Arquitecto sugeridor

El Arquitecto sugeridor

El Maestro Sugeridor

(El Arquitecto y los Ritos)

Abstract: Versa sobre la figura del Arquitecto Sugeridor (aquél que transforma el «sentido» del uso, para cambiar «la forma de ser» del edificio) en clave de cuento chino.

Narración que gira sobre un arquitecto zen, quien consultado por un miserable campesino sin dinero y sin medios, contempla como única posibilidad, el intervenir sobre la Acción para transformar la Actitud, cambiando así la percepción del entorno. Para ello sugiere al campesino ejecutar diariamente una serie de rituales ligados a la casa, como colocar un cuenco de agua y otro de comida en el umbral, plantar dos cerezos frente a la entrada, una enredadera en la fachada, encalar toda la casa,, venerar el poniente y el naciente acomodándose a los equinoccios, dejando penetrar el sol en invierno (cuando está en Decadencia) y protegiéndose de él en verano (cuando se dirige hacia su plenitud (Soberbia)), consentir al Céfiro y evitar el áspero Austro. Colocar casas para nidos de pájaros, etc.

Wang Tzu estaba desolado. Porque él era un miserable.

          Todos, absolutamente todos en la aldea, tenían una cabaña, mejor dicho una Casa, que les había sido construida por un Maestro Constructor. Eran casas estables y sobrias; y también baratas, pero dentro de lo que cabe no carecían de encanto. Eran cómodas y amplias. Fáciles de mantener, simplificaban al máximo las tareas domésticas. Sus propietarios presumían de ellas, y competían entre sí como buenos vecinos.

-Yu Lin, ¿Has visto qué lujosa es mi casa?.

¿No? Pues te invito a un té para que la conozcas.

-¿Has visto Chi Ho?, ¿Te has fijado en los suelos que tengo en la cocina?.

¡Cómo brillan cuando se les pasa un paño!.

-Oye, Huang Tsé, ¿Quieres acercarte a ver las puertas que me ha labrado el maestro Teng?. Corren tan silenciosamente, y comunican las estancias entre sí, tan ampliamente, que pareciera como si no existieran tabiques.

          Wang Tzu, era el único de la aldea que sólo tenía una mísera cabaña con un tejado de paja apisonada y una única habitación que suplía todas sus necesidades. Era dormitorio, cocina, baño y estancia. A su alrededor había un pequeño corral para los patos, y un mínimo huerto en el que cultivaba hortalizas. Todo ello rodeado de un simulacro de cerca, hecha de palos y alambres colocados de cualquier manera.

Decididamente era un miserable.

          Pero lo peor de todo es que justamente por ello, sus vecinos, en vez de apiadarse de su situación, no le tenían ningún respeto. Y, ¿cómo era posible vivir en una comunidad en la que nadie te respetaba?. Tus hortalizas valían menos que las de los demás. Tu trabajo no tenía nunca la menor importancia, y nadie estaba dispuesto a contratarte ni por un simbólico precio.

          Necesitaba una casa, por humilde que fuera, construida por alguien en quien todos confiaran, por el Maestro Constructor Meng, por ejemplo. Una Casa, no una cabaña, que le transmitiera esa dignidad que ahora no tenía.

          No obstante Wang Tzu se daba cuenta de la dificultad del problema. Si no tenía dinero ni para los materiales, ni siquiera para el mísero derribo que había que hacer, ¿Cómo iba a encargar su casa a nadie y menos aún construirla?

          Pasó la primavera. Y después un verano, al que siguió el otoño. Luego vino el invierno. Volvió a llegar la primavera, y arrastró tras de sí otra vez al otoño y al invierno. Y así uno tras otro hasta cinco giros completos del zodíaco. Fueron afortunados años de bonanza.

          Con no poco esfuerzo Wang Tzu, a pesar de que sus hortalizas y sus patos valieran menos que los de los demás, había logrado ahorrar unas cuantas monedas que guardaba tan celosamente como si se tratara del tesoro del mismísimo emperador. Había comprado en el mercado una pequeña bolsa, ¡nada menos que de purísima lana blanca!, que tenía escondida entre los pliegues del jergón sobre el que dormía. Antes de guardar en ella cualquier moneda, la limpiaba, luego la frotaba y frotaba hasta que se ponía reluciente como si fuera de oro, aunque sus reflejos totalmente rojizos evidenciaran que se trataba de simples monedas de cobre. Si estaban tan bien cuidadas y eran tan pulidas y bellas, pensaba, ¿por qué no iban a valer más? Todas, absolutamente todas, las cosas que él conocía, tenían mucho, pero mucho más valor, si eran nuevas y brillantes que si eran sucias y viejas.

          Un día de primavera Wang Tzu se decidió. Se puso su único vestido, el que llevaba los días de mercado para parecer más importante y vender mejor sus mercancías, y se fué hasta la aldea grande en la que vivía un Maestro Constructor.

          Apretaba entre sus manos su impoluta bolsa de lana para darse más seguridad.

          La casa del Maestro Constructor llamaba la atención inmediatamente. Estaba en el centro de la aldea grande y destacaba entre todas las de su alrededor. Tenía un amplio porche a lo largo de todo su perímetro, protegido por un alero sujeto por fuertes columnas de madera, que formaban una especie de pantalla que separaba el barandal de la calle. El tejado, de tejas también de madera, de color rojo, caía desde lo alto y se doblaba ligeramente al llegar al borde para escupir el agua lo más lejos posible de la edificación. Parecía como la piel llena de escamas de un lagarto de coral.

          Wang Tzu, estaba impresionado. Todos estos aparentemente lujosos y cuidados detalles que iba descubriendo, en los que nunca antes se había fijado, iban minando su moral. Cuando accedió al interior, su persona se había ido arrugando paulatinamente hasta llegar a pasar completamente desapercibida para el resto de la gente. Encogido en un rincón, miraba como iba y venía el personal enfrascado en conversaciones que, por su nerviosismo y el tono en el que se desarrollaban, parecían encerrar importantes negocios ligados a la construcción. Solo al caer el sol. Cuando ya apenas quedaba nadie, alguien reparó en él. Parecía uno de los subalternos del Maestro Constructor.

          Cuando Wang Tzu se atrevió a superar sus temblores y le comunicó el objeto de su visita, el empleado pareció interesarse algo más por aquél hombrecillo minúsculo. Pero no bien hubo abierto la bolsa y echado un vistazo a su interior, su mirada se transformó en una mirada de estúpido estupor, no acertando a entender qué era lo que en realidad estaba sucediendo. Si en verdad aquél pobre miserable, aunque limpiamente vestido, le estaba hablando en serio, o simplemente se estaba burlando de él.

          Wang Tzu tuvo que pedirle disculpas por su atrevida osadía, y se alejó lo más deprisa que pudo, alegrándose a pesar de todo de que nadie se hubiera percatado de la conversación. Hubiera sido un bochorno incapaz de superar, si alguno de sus vecinos hubiera pasado por allí en aquél preciso momento, o se hubiera enterado, aunque fuera de refilón, de semejante escena

          ¡Veinticinco o treinta años! ¡O toda la vida entera!

          Le había dicho, el ayudante del Maestro Constructor, que si lo que había visto era todo lo que había podido ahorrar en cinco años, que al menos veinticinco o treinta años, y eso si las cosas se daban como en estos últimos de bonanza, sería lo mínimo que tardaría, en poder tener el dinero suficiente para costearse una vivienda diminuta con un atisbo de dignidad. Exactamente, lo mínimo mínimo, para poder ser dueño de una casita construida, con arreglo a las «reglas del arte», según la misteriosa frase que había oído en no pocas ocasiones de boca del propio Maestro Constructor.

          ¡Ahí era nada!. ¡Toda su vida para seguir siendo un miserable!.

          Como era demasiado tarde para volverse a su aldea, recordó a un joven sobrino suyo, el ayudante de uno de los carpinteros de la ciudad que estaba haciendo un meritoriaje de algo ligado a la edificación, y que vivía solo en una habitación, que en alguna otra ocasión había utilizado a cambio de alguna de las hortalizas que llevaba para la venta. Decidió, pues, que si él no tenía inconveniente pasaría allí la noche.

          Su sobrino era un joven aventajado. Muy despierto y siempre atento a todo  lo que ocurría a su alrededor, se dió inmediatamente cuenta de que algo le sucedía a su tío.

          Tío Wang Tzu:

          -¿Puedo ayudarte en algo?-

          -Nadie puede resolver mi problema- respondió Wang Tzu.

          -Sólo tengo que esperar veinticinco o treinta años- añadió con un tono de absoluta desesperanza.

          Y, ¿cómo es eso?- insistió el sobrino.

          Y a continuación Wang Tzu le relató, con todo género de detalles, el motivo de su viaje.

          El sobrino se quedó pensativo un largo rato, y le dijo:

          -Bien, no lo sé con exactitud, pero no creo que sea demasiado problema. Mi maestro Ho, me ha hablado con frecuencia, y con gran admiración, de alguien que conoce bastante, de un arquitecto muy especial. Un arquitecto zen que construye sin construir, que hace casas sin levantar muros ni poner vigas. Según dice Ho, es un Maestro Sugeridor, un arquitecto de la Actitud. Aunque yo no sé en qué consiste eso.

-¡Oh! ¡Es realmente extraño eso que me cuentas! ¿Cómo puede nadie construir sin construir? ¿Cómo se puede hacer una casa sin muros ni ladrillos? ¿No será todo un engaño?

          Wang Tzu, esa noche no pudo conciliar el sueño. ¡Toda su ilusión de esos años se había venido abajo! Y por otro lado estaban las palabras de su sobrino. Le daban vueltas en la cabeza, y no podía sacárselas de encima. En todo caso parecía que no tenía mucha elección. Le iría a visitar, le contaría su problema, y si no podía hacer nada por él, tampoco habría perdido mas que unas pocas monedas por el tiempo robado.

          ¡Un Sugeridor! ¡Qué cosa tan rara!. Esperaba no tener que soportar una mirada de conmiseración como la que le había lanzado el ayudante del Maestro Constructor. No otra vez en tan poco tiempo.

          Por si acaso no le enseñaría el contenido de su bolsa, no fuera a quedarse sin casa y sin ahorros.

          Al día siguiente, por indicaciones de su sobrino, fué a visitar a su Maestro Ho. Éste le tranquilizó bastante y estuvo un buen rato relatándole las virtudes del Maestro Sugeridor.

          -Es muy humilde, pero un gran sabio. Aunque te diga cosas que te suenen muy extrañas yo te aconsejo que le hagas caso en todo. No te arrepentirás. Puedes confiar ciegamente en él. Todo el mundo le respeta-.

          Estas últimas palabras no sólo penetraron en sus oidos. Atravesaron de parte a parte su cerebro rebotando en las curvas murallas de su cráneo. Igual que los rebotes de un rayo que, no pudiendo salir, golpea las paredes de una cueva llenándola de una luz cegadora e instantánea, y dejando un rastro de enormes agujeros.

          Después se encendieron raros fulgores en su mente y crearon multitud de brillos en lo más hondo de sus pupilas.

          -Respeto, respeto. Respeto, respeto-. Sonaban.

          Hasta que se dió cuenta que Ho seguía hablando. Le estaba explicando el lugar en el que vivía el Arquitecto. Un pequeño monasterio en las faldas del monte Yian.

          Cuando amaneció de nuevo se puso en camino. No tenía mucho tiempo. Aunque había dejado comida para sus patos, no quería dejar sola demasiado tiempo su propiedad no fuera a ser que algún vagabundo de los que aparecen de tarde en tarde por la aldea se pudiera llevar lo poco que poseía.

          Le costó un día de camino el llegar al monasterio.

          Cuando se halló en presencia del arquitecto experimentó una rara sensación. Su mirada, sus ojos, sus ademanes. Algo emanaba de él que transmitía quietud. No paz, sino quietud. Aunque caminara, o se levantara para coger algo, o para atender el requerimiento de algún otro monje que les hubiera interrumpido, parecía como si dentro de la habitación nada se hubiera movido, como si todo estuviera en el mismo sitio, o nada hubiera cambiado aunque algunas cosas o gestos o palabras fueran distintas.

          El monje arquitecto le hizo multitud de preguntas. Le hizo describir con todo género de detalles, cada uno de los pormenores de la cabaña en la que vivía. Le hizo preguntas acerca del tejado, ventanas, y suelos. Cómo era  la cerca. Cómo eran cada uno de los palos que la componían. La huerta; los animales que había; de donde soplaba el viento; por dónde salía el sol; de dónde venía la lluvia, cuál el color del cielo, como eran las nubes y el paisaje, qué se veía desde cada una de las cuatro ventanas de la cabaña, etc., etc., etc.

          ¡Qué curioso! Muchas de estas cuestiones no las supo responder. A pesar de llevar un montón de años viviendo en la misma cabaña, y haber construido la mayor parte con sus propias manos, no podía recordar con exactitud muchos de estos detalles.

          Mientras él hablaba, el monje arquitecto no cesaba de hacer diagramas. De su mano salían dibujos en forma de cruz o de rombo. Gráficos con estrellas y palabras. Signos caligráficos que parecían convertirse en pájaros. Pequeños puntitos que hacían líneas ondulantes como de hileras de hormigas.

          Wang Tzu trataba de describir todo aquello de lo que se acordaba, mientras con el rabillo del ojo veía sorprendido todos aquellos exóticos trazos que le recordaban a los que aparecían en las ruedas de las plegarias. Esas que giran delante de los ojos mientras uno las impulsa con la palma de la mano.

          Cuando ya no supo cómo seguir, guardó silencio. Durante largo rato el monje siguió con su tarea, tan completamente enfrascado en ella, que le ignoró por completo. De vez en cuando parecía murmurar entre dientes sonidos ininteligibles, tan ondulados y armónicos que en algunos momentos daba la impresión que pertenecieran a alguna original melodía.

          Wang Tzu no sabía qué hacer, por un lado temía interrumpir tarea tan aparentemente delicada, por otro lado veía correr el sol, y con el paso del tiempo su cuerpo se iba poniendo cada vez más rígido y entumecido. Al fin, el arquitecto, pareció descender del cielo, alzó los ojos y su mirada se topó con la Wang Tzu que parecía implorante. Se levantó y le pidió disculpas por olvido tan imperdonable. Ante el azoramiento del monje, Wang Tzu se sintió internamente conmovido, nadie antes le había tratado con tanta delicadeza y cortesía. ¡Un olvido lo tiene cualquiera!. ¡ Y teniendo un trabajo tan absorbente y extraordinario … !

          Wang Tzu borró completamente de su mente las lentas horas transcurridas en inmovilidad absoluta, para sentirse inmensamente agradecido.

          Se despidieron, y el Maestro le prometió que en breve le haría saber de él.

          A todo esto, no habían tenido ocasión de hablar de dinero. La palabra moneda no se había pronunciado, ello le producía una cierta desazón. ¿No estaría este trabajo por encima de sus posibilidades? ¿Tendría suficiente dinero para acometer las obras pertinentes?

          El arquitecto le tranquilizó. Lo que tendría que dedicar a su casa consistiría en Tiempo y Atención, casi nada de dinero, poco trabajo, y prácticamente nada de material, en todo caso: aceite, cal, algo de pintura, algún trozo de tela y poco más. En cuanto a él, cuando le nacieran polluelos, con el envío de una pareja de sus delicado patos para el huerto del monasterio sería suficiente.

          Wang Tzu pareció recobrar poco a poco el aliento. Pasó la noche en el monasterio como huésped de los monjes y al día siguiente se puso en camino hacia su aldea.

                             *                                     *                                     *

          Una vez instalado de nuevo en sus dominios, su vida volvió a ser la de siempre. Con la diferencia de que ahora parecía que viviera los días de una manera distinta. Esperaba algo, aunque no sabía exactamente qué. Algo que tendría que ocurrir tarde o temprano. Eso al menos era lo que le había prometido el Arquitecto, el que su sobrino había denominado como el Maestro Sugeridor. ¿Qué significaría esa palabra?

          A pesar de que no acababa de entender nada, el monje le había inspirado desde el primer momento una inexplicable confianza. Estaba seguro de haber acertado con la persona ideal para sus propósitos. Tenía la seguridad que tarde o temprano tendría una Casa al igual que todos sus vecinos y podría vivir con dignidad.

          Así transcurrieron unas semanas.

          Una mañana apareció por su cabaña un viajero de paso, que le traía unas notas escritas, con una serie de apretados signos caligráficos, en varias hojas de papel de arroz.

          La primera decía más o menos lo siguiente:

          La Casa empieza en el Umbral.

          Hay que hacer posible el nacimiento del Umbral. Hay que «Alumbrar el Umbral».

          Para lograrlo es necesario ejecutar las siguientes tareas:

          Tarea I:

          -Durante los siete primeros días, antes de salir el sol, hay que levantarse con diligencia.

          Con una rama tierna del árbol más cercano hay que quitar el polvo de delante de la puerta. Muy suavemente, sin espantarlo. Procurando que no se despierte y se levante él también alborotándolo todo. Hay que empujarlo mansamente a los lados para que los pies no lo aplasten y sus restos no contaminen el umbral, esparciéndose después su cadáver por el interior de la casa.

          A continuación hay que coger un tazón de loza blanca y llenarlo de agua de rocío. Cortar cinco flores silvestres que hayan abierto sus pétalos el día anterior y dejarlas flotando en el agua del tazón delante de la puerta. Hacer las abluciones diarias siempre con agua nueva. Y cruzar la puerta de la casa justo en el momento de la salida del disco solar.

          Inclinarse hacia el Oriente, en la esquina de Naciente, rogando al sol que no escatime su generosidad, para que sea propicio, y caliente la casa durante el día. Inclinarse después hacia Occidente, en la esquina de Poniente, para que el horizonte no se impaciente, pidiéndole que deje al sol trazar su arco sin prisas.

          Regar justo la zona de debajo de la puerta, en donde botará el Umbral, con el agua de las flores recién cortadas.

          Colocar, uniformemente separadas, sólo las cabezas de las flores sin ningún resto de tallo, en el área recién humedecida, retirando las del día anterior. Procurar que las nuevas flores encajen en las huellas de las precedentes.

          No pisar la zona regada ni de día ni de noche.-

          Tarea II:

          -Durante la segunda semana:

          Lo mismo que en los días precedentes, pero habiendo preparado la noche anterior a cada día una pequeña pella de barro que se habrá laminado sucesivas veces, como si fuera la masa de pan que se extiende sobre la mesa con el rodillo de madera. Cortar la pella, con un cuchillo enjuagado treinta y dos veces, en forma de una tira que tendrá la anchura de la jamba de la puerta y la longitud del hueco que queda entre las jambas. Después se enrollará la tira de barro, humedeciéndolo bien y colocándolo, al abrigo de la pared norte de la cabaña, para que reciba todo el rocío de la noche,.

          Al retirar las flores del día anterior, desenrollar el rollo de arcilla de modo que cubra toda la longitud del Umbral, asentándolo bien sobre la tierra. Se apretará ligeramente la lámina para que el barro penetre sin brusquedad en las huellas de las flores que se acaban de quitar.

          Cuando se termine esta semana, habrá siete láminas de barro adormecidas una encima de otra, sobre cuarenta huellas de flores impregnadas con el rocío del alba.

          Durante toda esta semana, tampoco se pisará, ni al entrar ni al salir, sobre este área de arcilla que llamaremos la Zona de la Huellas.-

                             *                                     *                                     *

          Al acabar la segunda semana, algunos habitantes de la aldea, ya habían comenzado a reparar en que su vecino Wang Tzu, todas la mañanas al amanecer, efectuaba una serie de maniobras que nunca habían visto antes. A la vez, murmuraba entre dientes, de una manera muy dulce, como si hablara con alguien pequeño e invisible. ¿Habría enloquecido el pobrecillo?

          La curiosidad comenzó a picar a algunos de los aldeanos que hacían como que pasaban casualmente por allí a esas horas intempestivas, mientras sonreían con una cierta sorna que les torcía la cara.

          -¡Pobre hombre! La miseria le ha transtornado por completo.-

          Otros empezaron a interesarse por su persona:

          -Probablemente no nos hemos portado bien con él.-

          Y le encargaban pequeños trabajos que Wang Tzu efectuaba con diligencia.

                             *                                     *                                     *

          Tarea III:

          -Durante la tercera semana:

          Continuar, al igual que en la primera semana, con abluciones y agradecimientos al Naciente y Poniente, y apartando el polvo de delante de la casa. Estas tareas ya no se abandonarán nunca.

          Cubrir ahora, todas las hojas de arcilla colocadas anteriormente, con un papel de arroz muy fino, impregnándolo previamente en aceite hasta que se haga completamente transparente, asegurándose, antes de colocarlo, que esté prácticamente seco y que no mancha los dedos.

          No pisar nunca la línea del Umbral. Las Huellas son para los espíritus que han de guardar la casa.

          Mantener siempre cerrada la puerta para evitar corrientes de aire, con las que puedan coger frío nuestras hojas de barro.

          Repetir la primera operación de las flores, pero esta vez a medio palmo de la línea del Umbral. En este caso serán treinta y una las flores que se han de emplear.

          Recoger treinta y una piedras redondas y blancas, que se incrustarán al día siguiente en las huellas de las flores.

          Lo mismo en el alba siguiente, pero a tres palmos y tres cuartos de distancia de la línea anterior, con veintiocho piedras oscuras. Al otro día, a tres palmos y medio, serán otra vez treinta y una las piedras . Y blancas. Y después treinta oscuras. Formando líneas cada vez menos distanciadas, hasta completar el sexto día en que serán treinta, finalizando el séptimo día otra vez con treinta y una, añadiéndose una piedra aislada, con forma de estrella, situada a dos pulgares de la línea anterior.

          Estas líneas así compuestas serán las Líneas de los Meses. Y la piedra en forma de estrella, el de la Culminación del año. El borde del Umbral, el de su Muerte y Renacimiento

          A todo esto, se habrá buscado una piedra fina y plana con dimensiones parecidas a las de las hojas de arcilla, y se pulirá hasta dejarla lo más uniforme posible.

          El sexto día se habrá preparado una pella de barro como las anteriores.

          El amanecer del séptimo día de la tercera semana, después de la abluciones, se quitará el papel de arroz que cubría las hojas anteriores y, en la parte superior de todas ellas, se colocará la pella de arcilla, asentando sobre ella la piedra pulida, con ligeros golpes, para despertarla sin sobresaltos.-

          Tarea IV:

          -Durante la cuarta semana:

          Esta es una semana importante. En ella hay que procurar que los espíritus protectores encuentren cálido el Umbral y lo conviertan en su morada. Para ello, a lo largo del día, se hará una fogata delante de la casa con todo tipo de restos, ramas secas, trozos de madera y raíces inservibles recogidos de los entornos del lugar, a las que se añadirán algunos arbustos olorosos. Al llegar la noche, esparcir las brasas por encima del Umbral y las Líneas de los Meses.

          Aprovechar la ceniza para abrigar las brasas.

          Repetir la misma operación todos los días sin quitar las brasas del día anterior….

                             *                                     *                                     *

          A estas alturas, los vecinos de Wang Tzu, no estaban llenos de curiosidad. Estaban francamente intrigados. Habían dejado de pronunciar la palabra ¡pobrecillo! y comenzaban a mirarle con una cierta consideración.

          Todas aquellas operaciones, que iban cambiando a lo largo de las semanas parecían seguir algún oculto y mágico propósito. Las reverencias. Ese cuidadoso mover de las ramas por delante de la cabaña, pausado y rítmico, que casi parecía una estética danza. El recipiente blanco que dejaba por las mañanas, en el centro de la entrada, lleno de flores frescas…. Y para colmo, la permanente columna de humo de la última semana. Semejaba un inmenso pebetero dejando una línea blanca y gris. Parecía una delgada plegaria bisbisada entre los labios, que levantándose hacia el cielo producía un agradabilísimo olor a sándalo y mejorana que se extendía por los contornos,… Y ¡qué decir del resplandor rosado, rojizo, violeta iridiscente, que por las noches formaba una especie de alfombra luminosa delante de su puerta!. El Umbral y sus contornos, quedaban encendidos con una luz tenue y muy cálida que semejaba un tapiz formado por millones de luciérnagas rojas apelotonadas en un mágico y geométrico panal. El Umbral vomitando una pasamanería inmóvil de encaje de lava. O una alfombra de estrellas que al llegar al Umbral se sumergía en la tierra, señalando un mundo misterioso y oculto más allá de los límites de lo humano.

          Todo esto era demasiado hermoso para que pudiera ser obra de un desequilibrado.

          El propio Wang Tzu no era indiferente a su propia obra. Al comienzo, no hacía sino repetir mecánicamente una serie de acciones que le habían sido transmitidas en simples hojas de papel. Pero poco a poco le había ido cogiendo el gusto a aquella especie de ritual. Cuando apartaba el polvo de delante de la cabaña empezó a hacerlo muy suavemente yendo de arriba a abajo y de derecha a izquierda. Cada vez que terminaba una línea, se paraba, y sacudía ligeramente las ramas. Esto producía un cierto sonido.

          Con el tiempo, a fuerza de mirar la escritura del Sugeridor, tratando de entender qué se podría esconder detrás de todo aquello que le llevaba hacia un sitio desconocido, y que no comprendía en absoluto, le pareció, que aparte de lo que decía la escritura, ésta semejaba estar dispuesta de un modo particular. Parecía un dibujo. Si uno se olvidaba que aquellas palabras significaban cosas, uno comenzaba a ver siluetas, trazos, recorridos, hasta movimientos. Ellos también dependían de la posición del papel. No era lo mismo si se miraba la hoja en vertical, que en horizontal, bocarriba que bocabajo, o con la luz de través, o de lejos. Aquella escritura cada vez sugería cosas e imágenes distintas.

          Wang Tzu, comenzó a introducir poco a poco estas variantes en sus pequeñas tareas diarias. En ocasiones su limpieza era espiral. Se colocaba en el centro, y como si fuera un pequeña araña de jardín que estuviera tejiendo su tela- trampa, iba pausadamente trazando un rastro que iba creciendo a partir del origen y se extendía hasta los confines del terreno.

          Sobre la tierra aparecía un trazo tan hermoso, que el propio Wang Tzu se quitaba a veces las sandalias, para no estropearlo. En otros momentos se quedaba pensativo unos instantes mirando su dibujo, y luego, empujado por un impulso indescriptible, procuraba que el rastro de las huellas de sus pies descalzos formara líneas que enhebraban las anteriores. Quedaban sobre el suelo trazos de pincel y puntos caligráficos que parecían despegarse de la tierra. Flotar sobre ella como el polvo en el verano.

          Otras veces el barrido no era continuo. Movía el polvo de una pequeña área, y según la distancia que le separara de los límites de la zona a barrer, daba unos pasos girando cada vez sobre sí mismo, con los brazos abiertos como si fuera un planeta que seguía el curso del sol. Al llegar al borde se detenía, daba un par de saltos hacia adelante con un solo pié y sacudía rítmicamente su rama produciendo el sonido de hojas agitadas por el viento. Después giraba a su derecha, y efectuaba otro par de saltos volviendo a mover las ramas. Hacia varias veces la misma maniobra hasta que reencontraba el punto de partida. Así la operación diaria de apartar el polvo se convertía en una danza ritual que iba variando con el transcurrir de las semanas, dejando siempre una escritura de rastros, de líneas caligráficas, senderos indefinibles, que reflejaba cada uno de sus movimientos.

          De tarde en tarde, cuando las tareas anteriores parecía que hubieran tocado a su fin, aparecía un viajero que traía nuevas noticias: Tarea V, Tarea VI, VII, …..

          Muy pocas eran las acciones que se prolongaban más de una semana, aunque eran bastantes las que sugerían continuidades que daban sentido al Tiempo. A través de ellas adquirían presencia los días, los meses, las estaciones, …. A veces, algo de lo hecho anteriormente, aparecía como nítido una temporada después. Así con la tarea que comprendía la reordenación de la techumbre entendió la colocación de las piedras de colores claros y oscuros de delante del Umbral. Las llamadas Líneas de los Meses. Y la estrella que quedaba aislada.

          El Sugeridor le pedía que fuera desmontando y agrupando en dos montones la paja que cubría el tejado. En un montón la más clara y amarilla, en otro la obscura. Después había que hacer hatos cilíndricos, muy regulares, como de un palmo de diámetro e ir colocando alternadamente, en cada fila, dos claros y un oscuro, por dos oscuros y un claro en la siguiente, de modo que semejara la colocación de las tejas de un tejado, hasta llegar a la cumbrera, en donde las vertientes cambian de sentido, zona en la que había que ponerlas transversales a las anteriores, en varias filas superpuestas, siendo todos los rollos oscuros. Por último, sobre el área de la puerta había que superponer varias filas del mismo tono, de modo que fueran sobresaliendo cada vez como un codo sobre la capa anterior, hasta crear una especie de alero que volando airosamente sobre el acceso, y prolongándose unos metros hasta apoyarse en un marco vertical, a modo de dintel sujeto en dos columnas, abrigaba y protegía la entrada tanto de la lluvia como del sol.

          Wang Tzu, que llegado estos momentos veía formas, dibujos, ritmos y gráficos por todos lados, aparte de quedarse maravillado por el efecto visual de su reorganizada techumbre, con la que su cabaña empezaba a parecer otra cosa que una choza, se dió cuenta también de que, con los días, el recorrido de la sombra de su alero sobre las líneas de piedras claras y oscuras, iba marcando, como si fueran las hojas de un calendario, el paso de los meses. Según el sol iba estando cada vez más vertical, la sombra se iba alargando sobre el suelo alejándose de la entrada, hasta que alcanzaba definitivamente la piedra singular más alejada que quedaba a menos de medio palmo de la última línea, justo en el solsticio de verano, para emprender el camino inverso, y rozar el borde del Umbral precisamente al medio día de la última jornada del año.

          Es más, se apercibió de que también cada uno de los bordes de su cabaña trazaba misteriosas y hermosas líneas sobre el suelo. Si a lo largo del día, colocaba delicados palitos clavándolos sobre la tierra de tanto en tanto, la línea que aparecía describía una delicada curva, que se iba abriendo cada vez más hasta que al final se perdía como una flecha en el horizonte.

          Su cabaña, proyectaba una sombra que danzaba diariamente sobre el suelo, con un plan que parecía meticulosamente prefijado de antemano, para mostrarle giros, circunvoluciones, movimientos de planetas y estrellas. Para aquél que supiera leer, su danza indicaba que su cabaña, se hallaba directamente ligada, anclada, al firmamento de la bóveda celeste. La sombra, con su recorrido anual, le comunicaba que la ligazón entre su refugio y el resto del mundo era algo más que accidental.

          En alguna ocasión, entrecerrando los ojos con los primeros resplandores del alba, para que la débil luz del amanecer no distrajese su mirada, esperando ver de dónde procedía aquél abismo inmaterial que separaba lo claro de lo oscuro, tratando de encontrar en qué punto exacto del espacio aparecía aquella división sobre el suelo, le había parecido entender que la sombra venía de todas las partes del universo. Que se trataba de la negrura de la noche, de su sombra inmensa, que, abarcándolo todo, súbitamente se contraía con el primer y débil resplandor de la mañana, dudando entre ser o no ser, entre aparecer o desvanecerse, y sigilosamente, desde el infinito comenzara a delimitarse de una manera difusa a unos cientos ¿tal vez miles? de varas de su lugar de origen.

          Así pues, su diminuta propiedad, se proyectaba mucho mas allá de los límites que marcaban las artificiales lindes que tan trabajosamente había marcado con estacas. ¿Hasta dónde llegaba pues el influjo que podía ejercer sin moverse de su casa? ¿Hasta dónde también alteraban los demás con sus líneas y sus sombras, las sombras y las danzas de su exiguo patrimonio?.

          Cuando al fin, después de tantas operaciones, el Umbral estuvo preparado para albergar a sus dioses protectores, Wang Tzu, espolvoreó con mirra, durante tres días seguidos, las dos jambas de la Puerta. Al tercero quemó incienso y encendió dos minúsculos fuegos en dos cuencos de barro vidriado que estuvieron prendidos durante otros tres días consecutivos. Y por fin, en el último, esparció sus brasas olorosas sobre todo el borde del umbral, llenando los dos cuencos que habían contenido el fuego en la base de cada una de las jambas del Umbral, uno con agua limpia y otro con comida. Al día siguiente retiró las brasas con sumo cuidado y recogiéndolas en una urna de loza, las enterró a tres palmos de profundidad, justo debajo de la piedra que marcaba el solsticio de verano. El Ocaso del Umbral, el lugar en el que reposaban sus cenizas, también había quedado definido.

          Pintó las dos jambas de blanco y el dintel de rojo.

          Los protectores del Umbral ya podían tomar posesión de su casa.

          Aunque, dados los acontecimientos transcurridos, y cómo habían evolucionado sus pensamientos, Wang- Tzu no dudase ahora de que los espíritus protectores hubieran hecho su nido en la Puerta que daba acceso a su cabaña, ¿casualidad? ¿tal vez una señal?,  al día siguiente, una paloma venida de no se sabe bien dónde, amaneció posada en el Umbral. Después, comió arroz de una de las tazas, a continuación bebió de la otra, y levantó el vuelo.

                             *                                     *                                     *

          Los habitantes de la aldea no se perdían nada de lo que sucedía en los alrededores de la cabaña de Wang- Tzu. Hasta los personajes más importantes, aunque no salieran explícitamente de su casa para no perder la compostura, estaban enterados de los más mínimos detalles de lo que ocurría. Cada día trataban de estar al corriente por medio de los más variados canales de comunicación, los criados, el jardinero, el vendedor de pan, … Muchos de ellos arrastrados por la curiosidad, hasta llegaban a salir al porche de sus casas, para desde allí, tratar de adivinar qué es lo que sucedía al otro lado de la aldea. Qué nueva y sorprendente acción acababa de realizar el extravagante de Wang- Tzu.

          -¡Nada menos que una paloma blanca de plumas rizadas! ¡Y en la aldea!.-

          Los ancianos del lugar no recordaban nada semejante desde el final del devastador monzón del año veintisiete.

          Algunos, los más audaces, pintaron las jambas de las entradas a sus casas de blanco y el dintel de rojo. Otros muchos sacaron cuencos de agua y de comida colocándolos a los lados de la entrada. Al poco tiempo se pudieron ver a cualquier hora del día pequeños grupos de pájaros que se paseaban de puerta en puerta, picoteando de aquí y allá, y bebiendo descaradamente de los cuencos con agua de los portales de las viviendas.

          Al final del invierno, Wang- Tzu plantó dos cerezos rosa frente a la casa.

          Por la primavera colocó, en el costado de Poniente, cuatro postes de la altura de un hombre con el brazo extendido, y sobre cada uno de ellos edificó una plataforma con una casita de pájaros. Repitió lo mismo en el costado de Naciente, aunque en este caso la altura era sólo la de la cabeza de un hombre. Pintó los postes de amarillo y las casas de verde. Por el verano comenzó a abrir ventanas y puertas. Hacía todo género de genuflexiones y reverencias. Se inclinaba hacia la ventana que había de abrir, o cerrar, y a continuación se volvía hacia el Naciente, o el Poniente o lo que tocara, según la hora del día, y volvía a hacer otra reverencia. Musitaba algo entre dientes, y se dirigía a otra parte de la casa. Así hasta que terminaba la ronda.

          Otras veces interrogaba a los vientos. Cuando soplaba una brisa apenas imperceptible tomaba una alta y flexible vara que tenía una cinta de seda amarilla atada a su extremo más alto, y la levantaba sobre su cabeza. Según oscilara en uno u otro sentido, y según la magnitud de su oscilación, abría, cerraba, o entrecerraba puertas, ventanas, o contraventanas.

          Aprendió del Sugeridor que  el Solano y el Austro son vientos que hay que evitar, porque causan sinsabores y hasta enfermedades. Que el Bóreas es frío como el corazón de un desalmado. Que el Aquilón es bueno para la salud y que el Céfiro es suave y blando como la mano de una doncella en la pubertad.

          A menudo su toma de vientos se convirtió en otro baile espectacular. A veces mecía el mástil haciendo oscilaciones, y la cinta trazaba rizos amarillos que se quedaban flotando en el aire. Otras veces comenzaba a correr. Al mismo tiempo impulsaba la vara hacia delante y la iba bajando lentamente mientras daba un giro completo alrededor de su cabaña, de modo que cuando llegaba al final, que era el mismo punto del comienzo de su carrera, la cinta había hecho un círculo casi perfecto en torno a la casa, y se iba desplomando con laxitud, al igual que se desmaya la tarde en los días brillantes de la primavera.

          De tan conectado que se empezó a encontrar con su cabaña, comenzó a sentirla, no sólo como algo propio y muy especial,  sino como si fuera algo vivo que formara parte de su cuerpo. Como una prolongación más de su propia naturaleza. Como se notan los ojos o los dedos. Llegó a sentir su respiración, sus latidos, su necesidad de abrigo o de ventilación. Llegó a saber, sin siquiera mirar a la cubierta, cuándo debería reparar el tejado o darle una nueva mano de pintura. Cuándo cerrar la casa a cal y canto y cuándo abrirla de par en par para que entraran el sol y los pájaros.

          Los días, el sol, las nubes, las estaciones, o los cambios de humor del tiempo, marcaban, al igual que en su vestido y su quehacer diario, el diálogo que la casa mantenía con la naturaleza. Su habitáculo era un ser vivo más, que seguía latiendo aunque él no se encontrara dentro. Cuando él se ausentaba, debía de prever los acontecimientos que iban a tener lugar a lo largo del día, para que su cobijo no se encontrara desatendido, al igual que sucedía con los conejos, los patos o las gallinas de su corral.

          Meses más tarde, en toda la aldea empezaron a florecer extraños troncos de árbol con casitas diminutas en sus extremos en las que encontraban cobijo los pájaros más diversos. Las calles se llenaron de trinos de todo tipo, y de ráfagas de azules, rojos y violetas que las cruzaban como flechas de un extremo a otro.

          Se tejieron las calzadas con multitud de dibujos hechos con piedras de colores, que marcaban a su vez los límites de las distintas propiedades, y le conferían al conjunto un aire de sorprendente tapiz de ceremonias preparado para que sobre él tuvieran lugar las fiestas de la Primavera y el Otoño. O los solsticios que indicaban el Verano o el Invierno. Otras marcaban la sombra de un día muy especial en el año, de alguien que quería dejar constancia de su memoria sobre el suelo de su pueblo, un nacimiento, una muerte, un acontecimiento venturoso, … Como el que se hace un tatuaje en alguna parte del cuerpo.

          Los vecinos comenzaron a rivalizar en pequeñas cosas muy sutiles, alguna colocación de flores en el verandal, un toque de color en la chimenea o el marco de una ventana, un árbol que se vuelve morado en el comienzo del Otoño, … Sin haberse puesto nunca de acuerdo, empezaron a repasar las pinturas por la misma época, a reparar los tejados a la misma vez. A hacer las ceremonias a las mismas horas. Se intercambiaban ideas y consejos.

          Hasta los habitantes de las aldeas vecinas se empezaron a interesar por el fenómeno. Cada vez los visitantes venían de más lejos y eran más numerosos. La aldea sencilla comenzó a resplandecer. Sus fiestas y celebraciones, llenas de danzas rituales atraían cada vez más público. Algunos personajes de fuera hasta se acercaban a la casa de Wang- Tzu y le hacían consultas. Le preguntaban por ésto y por aquello, y Wang- Tzu les respondía según su entendimiento, que iba enriqueciéndose con el paso de las estaciones y los años.

          Al final, con el persistente transcurrir de los giros del zodíaco, Wang- Tzu, llegó a olvidarse por completo que alguna vez, en el Origen del Tiempo, había considerado con vergüenza, que su Casa, la Casa en la que ahora vivía, hubiera sido en algún momento una simple choza. Nada más que una humilde cabaña de paja, hecha de piedras y barro.

Prof. Prada Poole

Bici, Ciudad y Arquitectura

Bici, Ciudad y Arquitectura.

En este post veremos varios ejemplos en los que la circulación en bicicleta es la protagonista. El diseño a partir de las necesidades de los usuarios de este medio de transporte limpio está condicionando la imagen de nuestras ciudades y nuestros hábitos.

Cykelslangen Bridge | Copenhague, Dinamarca.

Es un puente elevado de dos carriles para conectar la extensa red de bicicletas de Copenhague. El puente Cykelslangen cuenta con carriles anchos, una subida gradual y un pavimento de color naranja que brinda contraste y seguridad a los ciclistas que ahí se mueven.

 

Peace Bridge | Calgary, Canadá.

Este puente de un solo tramo de 126 metros, utiliza una estructura de doble hélice abierta, con ‘hojas’ de vidrio cerrando la parte superior para dar cierta protección contra los elementos. El carril bici de 2.5m recorre el centro del puente, con senderos peatonales a ambos lados.

Fotografía: Joshua Dool

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Melkwegbridge | Purmerend, Países Bajos.

Este puente separa a ciclistas y peatones al tiempo que permite el paso fácil para los barcos. La plataforma para bicicletas se divide en dos, girando alrededor de los pilares a ambos lados del canal para permitir el paso de barcos, mientras que el arco de 12m garantiza el acceso peatonal.

Fotografía: Next Architects

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Puente de Arganzuela | Madrid, España.
El de Arganzuela es el más largo de una serie de puentes previstos para el Parque Madrid Río, una nueva área de recreo que se hizo posible después del soterramiento de la autopista M-30.
Fotografía: Ayuntamiento de Madrid

puente arganzuela

 

Cycle Superhighways | Londres, Reino Unido.

Se trata de una red de autopistas creadas exclusivamente para ciclistas. Así conectan la periferia con el centro de la ciudad.

 

Van Gogh Roosegaarde Bike Path | Nuenen, Paises Bajos.

En conmemoración a los 125 años de la muerte de Vincent van Gogh se abrió este carril bici, inspirado en la obra del artista «Noche estrellada». El diseñador holandés Daan Roosegaarde «plantó» miles de piedras con un revestimiento especial llamado «pintura dinámica», que almacena la luz del día para ser liberada durante un período de ocho horas durante la noche.

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8 House | Ørestad, Dinamarca.

La «8 House» es el mayor edificio privado de Dinamarca y al mismo tiempo, un regalo maravilloso para los ciclistas urbanos. Los usuarios del edificio pueden comenzar su viaje a la ciudad desde su balcón, incluso desde el décimo piso.

 

Danish Pavilion | Shanghai, China.

El estudio BIG (arquitectos de la 8 House)  querían transmitir con este pabellón en la Exposición Universal de 2010 en Shanghai el estilo de vida Danés. ¿Qué mejor que sostenibilidad y bicicletas? Los visitantes pudieron alquilar bicicletas y recorrer el interior como si pedalearan por Copenhage. En la cubierta del pabellón, una terraza con plazas de aparcamiento para 300 bicicletas permitía disfrutar de las vistas y de diferentes actividades. Se instaló una piscina interior con agua del puerto de Copenhague para la refrigeración durante el verano de Shanghai. Dinamarca donó la estructura a sus anfitriones, como base para una nueva flota de alquiler de bicicletas.

 

 

 

 

La quinta torre de Madrid

La quinta torre de Madrid:

Mas alta, mas fuerte.

El plan es que el nuevo bloque sea más alto que sus ‘vecinos’ y que acoja a un centro de salud y otro de formación.

La quinta torre de Madrid ya tiene año de inauguración. Será probablemente en 2020.

La nueva torre será un conjunto formado por una edificación de planos horizontales, que serán colonizados por las zonas verdes que rodean al proyecto y un volúmen con un marcado sentido vertical donde destacan las pantallas estructurales y las superficies acristaladas.

Está previsto que el conjunto incluya un centro sanitario y una zona con usos recreativo, ocio o comercial de pequeña y mediana superficie. También incorpora diferentes superficies destinadas a usos compatibles, tales como dependencias de sociedades científicas, área de docencia, área del niño, centro de salud y bienestar, consultas de homeopatía, alimentación y restaurantes.

Estos usos se contendrán en dos volúmenes diferenciados: una edificación esencialmente horizontal desarrollado en dirección norte-sur sobre la totalidad de la planta de la estructura existente, y concebido a base de terrazas ajardinadas que van descendiendo desde la plaza pública superior hasta el acceso peatonal al que se llega desde la parcela calificada como zona verde. El segundo edificio será un volumen en altura, similar a sus torres vecinas, en el que se situarán los servicios sanitarios y, en las plantas superiores, los espacios destinados a sociedades científicas vinculadas a la actividad sanitaria. En cuanto a la parcela calificada como zona verde, se proyecta como un conjunto de parterres y de caminos, y espacios con zonas lúdicas y estanciales.

Para conectar peatonalmente el Paseo de la Castellana con el eje Monforte de Lemos, Parque Norte y Parque de los Pinos, el proyecto plantea un conjunto de recorridos peatonales a través del sistema de espacios libres ajardinados previsto en la parcela destinada a zona verde. A través de dichos recorridos, se conectan los espacios libres públicos próximos, con el acceso principal al edificio dotacional en su plataforma inferior y con la plataforma de las cuatro torres situada a la cota del Paseo de la Castellana. Estos recorridos tendrán continuidad hasta las cubiertas ajardinadas proyectadas en el zócalo edificado de la parcela dotacional, lo que integra estas superficies al sistema de espacios libres y configura una plataforma avanzada como mirador hacia el oeste.

El desarrollo de este nuevo proyecto ha obtenido el éxito no sólo por el factor económico, sino por aspectos técnicos relacionados, entre otras cuestiones, con el grado de permeabilidad peatonal; es decir, se han valorado las mejores soluciones para la conexión peatonal entre el eje del Paseo de la Castellana, y el sistema de espacios libres y zonas verdes del entorno. También se ha valorado la implantación de usos compatibles con el uso principal que se desarrolle, favoreciendo así la mezcla de diferentes usos de que enriquezcan el tejido urbano, así como la incorporación de usos compatibles terciarios y/o dotacionales enfocados a la actividad y los servicios de proximidad destinados a los usuarios del ámbito.

También se han valorado la eficiencia energética de las edificaciones, en las que se incorporan sistemas de reutilización de aguas grises, sistemas de centralización de apagados, iluminación a base de lámparas leds, etc., y en el aspecto arquitectónico, que el conjunto aporte una pieza singular al paisaje urbano.